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MI…RCOLES, 17 de Octubre de 2018
La gobernanza mundial del resentimiento
29 de Octubre de 2009
La Historia nos ofrece una abundante lectura de conflictos, peque√Īos y grandes, nacidos del resentimiento.
El resentimiento es un auto-envenenamiento psicológico que tiene causas y efectos bien determinados. Es una disposición psicológica, de cierta permanencia, que a través de una represión sistemática libera determinadas emociones y algunos sentimientos de sí mismo que son normales e inherentes a los fundamentos de la naturaleza humana y tiende a provocar una deformación más o menos permanente del sentido de los valores y de la facultad de juicio. Entre las emociones y sentimientos a tener en cuenta, se ubican en primer lugar el rencor y el deseo de vengarse, el odio, la maldad, los celos, la envidia y la malicia.
Max Scheler, El Hombre del Resentimiento


Tanto en el individuo como en el grupo social, en el origen del resentimiento siempre se encuentra una herida, una violencia padecida, una afrenta, un traumatismo. Quien se siente v√≠ctima de ello no puede reaccionar, por impotencia. Se queda rumiando una venganza que no puede ejecutar y que lo atormenta constantemente. Hasta que termina explotando.(¬Ö) La reviviscencia de la herida pasada es m√°s fuerte que cualquier voluntad por olvidarla. La existencia del resentimiento muestra as√≠ hasta qu√© punto es artificial el corte entre el pasado y el presente, que viven uno en el otro, cuando el pasado se convierte en un presente m√°s presente que el presente mismo. La Historia nos da m√ļltiples testimonios de ello.
Marc Ferro, El resentimiento en la Historia

La Historia nos ofrece una abundante lectura de conflictos, peque√Īos y grandes, nacidos del resentimiento. Las Revoluciones, los grandes per√≠odos de ruptura que generan los grandes ciclos hist√≥ricos son a menudo el resultado de una explosi√≥n brutal de viejos resentimientos. Luego de las grandes revoluciones de los siglos XVIII, XIX y XX, luego de la erupci√≥n de las grandes ideolog√≠as y de los nacionalismos virulentos que, en todos los casos, instrumentalizaron de alg√ļn modo resentimientos legitimados, el siglo XXI nos muestra el espect√°culo de un mapa pol√≠tico mundial carcomido por resentimientos de toda √≠ndole. Parafraseando a Ren√© Descartes, casi podr√≠amos decir que el resentimiento es la cosa m√°s compartida del mundo. En efecto, al observar c√≥mo se desarrolla la actualidad ante nuestros ojos es dif√≠cil no percibir los resentimientos que son la causa o la consecuencia de los grandes eventos que van marcando nuestra vida cotidiana. Tomemos un ejemplo muy reciente. ¬ŅQu√© entendemos de la crisis financiera de 2008? Que va a crear una monta√Īa de resentimientos, particularmente en los pa√≠ses del Sur, que podr√≠an salir de la miseria con s√≥lo una fracci√≥n del dinero que los pa√≠ses ricos desbloquearon con una celeridad desconcertante para salvar a sus bancos (cientos de miles de millones de euros o d√≥lares). Hablemos de otra crisis: la del 11 de septiembre de 2001. ¬ŅSus causas? Para muchos observadores, el fundamento del terrorismo isl√°mico provendr√≠a del resentimiento que tiene el mundo musulm√°n con Occidente. ¬ŅLa guerra de Irak? ¬ŅCu√°ntos resentimientos duraderos engendr√≥ o exacerb√≥ en Medio Oriente?

Podr√≠amos multiplicar estos ejemplos al infinito. La mayor√≠a de los conflictos actuales se nutren en gran parte del resentimiento: conflicto de Cercano Oriente, conflicto entre la India y Pakist√°n, conflictos inter√©tnicos africanos, etc. Los genocidios de Rwanda y de Burundi, vale decir los conflictos que se han cobrado m√°s v√≠ctimas mortales en los √ļltimos cincuenta a√Īos, fueron en su esencia guerras de resentimiento. Las guerras de la ex-Yugoslavia entran dentro de la misma categor√≠a. Y m√°s all√° de los conflictos abiertos, ¬Ņcu√°ntos pa√≠ses y pueblos est√°n animados por un vivo rencor, a menudo antiguo y hasta muy antiguo, cuya memoria se mantiene justo por debajo de la superficie, lista para explotar de un momento a otro? As√≠, por ejemplo, China no ha perdonado a Jap√≥n sus exacciones de los a√Īos ¬í30, ni los armenios el genocidio cometido por los turcos en 1915, homicidio que estos √ļltimos siguen sin aceptar por otra parte, agregando as√≠ m√°s rencor al rencor de los primeros. Los espa√Īoles recuerdan con aversi√≥n a Napole√≥n y a Franco (cada vez m√°s ahora que se est√°n abriendo los osarios de la guerra civil), pero tambi√©n la colonizaci√≥n musulmana que, sin embargo, termin√≥ hace varios siglos. Por su parte, los griegos no han perdonado nada a los turcos, que los subyugaron durante siglos. Los africanos y los indios mantienen relaciones ambiguas con las antiguas naciones colonizadoras: Francia, Inglaterra, Portugal u Holanda. Los Estados Unidos, desde Monroe y sobre todo desde Theodore Roosevelt, alimentaron fuertemente el resentimiento de sus vecinos del Sur y siguen en la actualidad manteniendo torpemente ese sentimiento de aversi√≥n. Per√ļ y Bolivia todav√≠a no le han perdonado a los chilenos que les hayan amputado un inmenso territorio y, en el caso de los segundos, su salida al mar. En toda Am√©rica, desde Chile y Argentina hasta el gran norte canadiense, las poblaciones amerindias viven de forma cotidiana las consecuencias de la colonizaci√≥n europea, al igual que los abor√≠genes o los maor√≠es, entre otros, en el Pac√≠fico. El resentimiento se hace sentir en los √°nimos m√°s all√° del perd√≥n.

El resentimiento colectivo que se incorpora al individuo que pertenece a una comunidad suele estar formado por varios estratos. Tomemos el ejemplo de Togo, ese peque√Īo pa√≠s del Oeste africano que, tras la colonizaci√≥n francesa (seguida por la neo-colonizaci√≥n posterior a las independencias) se vio sometido a una lucha de poder entre tribus del Norte (kaby√©s) y del Sur (ew√©s), mientras que el poder gubernamental privilegiaba de modo agraviante a los primeros, y los segundos defend√≠an celosamente su poder econ√≥mico con respecto a los primeros. En toda √Āfrica estas luchas internas alimentan un resentimiento que, combinado con otros elementos, puede explotar en cualquier momento como si se tratara de un volc√°n dormido. Eso es lo que sucedi√≥ en Costa de Marfil, por ejemplo, que hasta hace algunos a√Īos era se√Īalado como un ejemplo de pa√≠s estable y pac√≠fico.

Podr√≠amos pensar que la integraci√≥n pol√≠tica es un remedio eficaz para los resentimientos colectivos. Tenemos los casos de Francia y Alemania, que han llevado las guerras de resentimiento a un nivel parox√≠stico. Desde el siglo XVIII, y m√°s precisamente desde la Guerra de los Siete A√Īos (1756-63), el resentimiento entre esos dos pa√≠ses fue generando una serie de guerras, dos de las cuales involucraron al resto del mundo. Veamos: luego de la humillante victoria de Prusia sobre Francia en Rossbach en 1757, los franceses no pensaban sino en una cosa: tomar revancha contra los prusianos. As√≠ lo hicieron en 1806, en la batalla de I√©na, con Napole√≥n. Esa derrota, humillante para los prusianos, que se enorgullec√≠an de tener el mejor ej√©rcito del mundo, dio lugar al nacimiento del nacionalismo alem√°n y permiti√≥ a Prusia, y luego a la naci√≥n alemana reunificada, construir su Estado y su ej√©rcito moderno. En 1870, los alemanes limpiaron la afronta de 1806 infligiendo un castigo a Francia, que perdi√≥ Alsacia y Lorena. De 1870 a 1914, los franceses tienen una idea fija: la revancha. √Čsa fue una de las principales causas de la Primera Guerra Mundial. Etapa siguiente: en 1919, con el Tratado de Versalles, Alemania, colectivamente humillada por los vencedores de 1918, favoreci√≥ el ascenso de Hitler y provoc√≥ la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, desde 1945, Europa se reconstruye y una verdadera amistad se establece entre los dos antiguos adversarios que pasan a formar ahora el n√ļcleo duro del proyecto europeo.

No obstante ello, la integraci√≥n europea no resuelve, ni mucho menos, todos los resentimientos. Tanto en el caso de Irlanda del Norte como de Polonia, del Pa√≠s Vasco o de C√≥rcega, por citar s√≥lo algunos ejemplos, los viejos resentimientos alimentan comunitarismos y tribalismos que a veces derivan en separatismos. ¬ŅY qu√© decir entonces de la situaci√≥n de B√©lgica, que es la sede misma de las instituciones europeas? Dentro de ese territorio min√ļsculo, dos comunidades ling√ľ√≠sticas ¬Ėfrancoparlante y holandoparlante¬Ė se debaten entre viejos resentimientos, hasta el punto de que el pa√≠s es dif√≠cilmente gestionable y parece listo a implosionar de un momento a otro.

¬ŅPor qu√© entonces Francia y Alemania lograron dejar atr√°s dos siglos de guerras entre ellas, cuando otros pa√≠ses parecen incapaces de dejar de lado sus rencores que, por el contrario, siguen creciendo?

Una primera explicaci√≥n se relaciona tal vez con la naturaleza misma del resentimiento. Francia y Alemania tuvieron conflictos y sus guerras fueron de una violencia extrema, dejando un n√ļmero de muertos que hasta ahora, y quiz√°s por siempre, ning√ļn otro conflicto ha superado. Pero se trat√≥ en todos los casos de guerras cl√°sicas, ya que fueron emprendidas por los Estados, por querellas que concern√≠an principalmente una competencia hegem√≥nica (imponerse como primera potencia continental europea) y territorial. Los pueblos se vieron embarcados en esos conflictos provocados por sus dirigentes, pero no fueron sus motores. El resentimiento fue entonces, de alg√ļn modo, artificial, tanto m√°s cuanto que una vez terminada la guerra, cada uno volv√≠a a su patria. Es sintom√°tico que las regiones donde hoy en d√≠a persiste un real resentimiento popular sean las regiones que fueron sometidas a la dominaci√≥n del vencedor, en este caso Alsacia y Lorena.
Claro está que también intervino toda la construcción institucional de la Unión Europea que comenzó, vale la pena recordarlo, como una Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA).

Pero el resentimiento es tenaz. El caso de B√©lgica es todo lo contrario. Ninguna guerra enfrent√≥ a Valones y Flamencos. Sin embargo, la humillaci√≥n que sintieron estos √ļltimos cuando los primeros dominaban la econom√≠a del pa√≠s provoc√≥ una reacci√≥n violenta cuando el equilibrio se inclin√≥ en favor de los flamencos. En la actualidad, el resentimiento es mutuo, y profundo. Es profundo porque la humillaci√≥n fue (o es) cotidiana. Porque no viene de un Estado o un gobierno extranjero, a trav√©s de sus ej√©rcitos, sino de un pueblo, de su propio pueblo. El mismo tipo de mecanismo se observa en Rwanda, donde el resentimiento profundo, a menudo contra sus propios vecinos, a veces contra su propia esposa o marido, proven√≠a de una humillaci√≥n cotidiana que era totalmente reprimida antes de que las circunstancias le permitieran expresarse de la manera m√°s dram√°tica que hubiera podido ocurrir. El genocidio de Rwanda, contrariamente a los otros grandes genocidios del siglo XX, surgi√≥ de las poblaciones antes que de los dirigentes pol√≠ticos. Su fuerza motora es el resentimiento.

Desde lo local hasta lo global, el resentimiento colectivo entre los pueblos se manifiesta en diversos niveles. Puede ser econ√≥mico, social, √©tnico, etc. Sus ra√≠ces pueden tener una larga, o una largu√≠sima historia; pueden haber sido enterradas o reprimidas por un gobierno aut√≥crata (Tito en Yugoslavia); pueden ser recientes y sin embargo muy fuertes: tal es el caso entre jud√≠os y √°rabes en Cercano Oriente, donde el resentimiento que naci√≥ en el siglo pasado se desarroll√≥ con una amplitud tal que se volvi√≥ el principal obst√°culo para una paz duradera que, sin embargo, ser√≠a beneficiosa para ambas partes. El resentimiento puede operar tambi√©n una especie de mutaci√≥n: la guerra del Pac√≠fico era un conflicto b√©lico cl√°sico, pero el resentimiento que naci√≥ por el resultado de la guerra, en particular en Bolivia, marc√≥ de tal modo a la naci√≥n, que hoy en d√≠a define en parte la conciencia colectiva del pueblo boliviano. Y esto se ve reforzado por el hecho de que la p√©rdida de la salida al Pac√≠fico afect√≥ la vida de cada ciudadano, desde un punto de vista econ√≥mico y social. M√°s de un siglo despu√©s del tratado de Anc√≥n, el resentimiento nacido de esa guerra sigue definiendo las relaciones entre Chile, Per√ļ y Bolivia.

El resentimiento rara vez es de buen augurio. A pesar de ello, los dirigentes pol√≠ticos lo explotan con fines de propaganda nacionalista, ya sea para justificar un conflicto, ya para legitimar su presencia al mando del pa√≠s. Recordemos los casos de los dictadores argentinos con la guerra de las Malvinas, cuando el resentimiento contra Gran Breta√Īa jug√≥ un papel esencial en el conflicto.

Dentro de un pa√≠s, el resentimiento entre poblaciones o etnias es una fuente potencial de guerras civiles. Entre Estados, provoca la guerra denominada ¬ďcl√°sica¬Ē. M√°s all√°, en un esquema que afortunadamente sigue siendo te√≥rico, el resentimiento colectivo sobrepasa las fronteras para llegar a las ¬ďcivilizaciones¬Ē. Es la conocida teor√≠a de Samuel Huntington sobre el ¬ďchoque de civilizaciones¬Ē, que de alg√ļn modo lleva al resentimiento a su m√°s alto nivel. Tambi√©n es la explicaci√≥n de los fundamentalistas radicales, de los que Bin Laden sigue siendo el vocero m√°s conocido. En el resto de los casos, los resentimientos inter-civilizacionales parecen ser m√°s bien algo del pasado, aun cuando algunos signos tienden a mostrar aqu√≠ o all√° que esos resentimientos no est√°n completamente muertos.

Si bien la Guerra de los Treinta A√Īos (1618-1648) hab√≠a llevado los conflictos de resentimiento al paroxismo, conflictos que en ese entonces se llamaban ¬ďguerras de opini√≥n¬Ē y que se basaban sobre todo en las rivalidades religiosas entre cat√≥licos y protestantes, las relaciones internacionales desde ese momento y hasta 1991 tomaron un cariz resueltamente estatal. En otros t√©rminos, los Estados eran fuertes y las guerras eran sobre todo conflictos entre pa√≠ses. La ideolog√≠a nacionalista portada por el concepto de ¬ďinter√©s nacional¬Ē hab√≠a comprimido los resentimientos internos, aunque sin reabsorberlos. La ola de descolonizaci√≥n posterior a la Segunda Guerra Mundial consumi√≥ los resentimientos alimentados durante varias d√©cadas de dominaci√≥n occidental. En Occidente, se crey√≥ que las independencias pon√≠an fin a la aversi√≥n. ¬°Error! Cincuenta a√Īos despu√©s, el resentimiento de los (ex-) colonizados no hizo m√°s que crecer desde el momento en que los pueblos tomaron conciencia de toda la dimensi√≥n de las pol√≠ticas coloniales, sentimiento corroborado por el sentimiento de culpa colectiva que se adue√Ī√≥ de los antiguos colonizadores. Pensemos en las relaciones perpetuamente tendidas entre argelinos y franceses, o entre indios y brit√°nicos. La defensa de los derechos de las minor√≠as permiti√≥, al mismo tiempo, otra toma de conciencia con respecto a los pueblos aut√≥ctonos aplastados por la Historia, tanto en el continente americano como en Australia.

El resentimiento es la cosa más compartida en el mundo, ya lo hemos dicho, pero no es universal. Los colonos no lo sienten, o no lo sienten de la misma forma. O, deberíamos decir, no se dan cuenta o no quieren ver los resentimientos de los pueblos colonizados.

El deshielo geopol√≠tico, que fue la primera consecuencia del fin de la guerra fr√≠a, hizo renacer una cantidad de resentimientos en el mundo que generaron algunas guerras civiles en distintas partes del planeta. Por otra parte, la arrogancia de los Estados Unidos, sobre todo con la presidencia de George W. Bush, atiz√≥ los viejos resentimientos alimentados por d√©cadas de provocaciones y torpezas cometidas por la casa ¬ďblanca¬Ē en nombre de la superioridad del modelo norteamericano.

Todos estos elementos y algunos m√°s se conjugan para conformar un cuadro geopol√≠tico del planeta donde el resentimiento podr√≠a ser considerado como uno de los elementos perturbadores fundamentales del mundo contempor√°neo. En efecto, despu√©s de las tensiones europeas que resonaban en el resto del mundo en el siglo XIX y principios del XX, despu√©s de la guerra ideol√≥gica entre el bloque sovi√©tico y el bloque capitalista caracter√≠stica de la guerra fr√≠a, casi podr√≠amos decir que el resentimiento ha reemplazado a los nacionalismos y las ideolog√≠as de todo tipo, responsables de los cataclismos de los siglos anteriores. Podr√≠amos ir m√°s lejos inclusive, para decir que un tipo de resentimiento profundo ha reemplazado la instrumentalizaci√≥n del resentimiento que era, de alguna manera, la base de las ideolog√≠as del siglo XX, empezando por las ideolog√≠as nacionalistas. El nazismo, despu√©s de todo, ¬Ņno es de alguna manera una ideolog√≠a del resentimiento del ¬ďOtro¬Ē, el jud√≠o, el eslavo, el ¬ďno-ario¬Ē? Hoy en d√≠a, el resentimiento se ha despojado por lo general de esa instrumentalizaci√≥n ideol√≥gica, lo cual lo vuelve en cierto modo m√°s ¬ďpuro¬Ē, aunque igualmente peligroso dado que sus ra√≠ces finalmente son m√°s profundas.

¬ŅC√≥mo manejar el resentimiento? Tal vez sea √©se uno de los grandes interrogantes a los cuales debamos encontrar una respuesta en el siglo XXI, m√°s a√ļn cuando nuevas fuentes de aversi√≥n como la preservaci√≥n del medioambiente, la competencia por bienes comunes como el agua o la energ√≠a o la equidad entre los pueblos pueden sumar una nueva capa de resentimientos si no son resueltos. En todos los casos, hay algo seguro: una paz duradera ser√° imposible mientras todos esos resentimientos no sean reabsorbidos o al menos dominados y canalizados.

Al igual que todas las cuestiones que se refieren a la gobernanza mundial, el problema del resentimiento es complejo y exige un enfoque global, que trate de aprehender el fenómeno en su conjunto, pero que permita también tratar cada caso particular. Las técnicas de prevención y resolución de conflictos ya probadas constituyen un paso importante en este campo. Pero todavía queda implementarlas, es decir encontrar la voluntad, y los medios, para hacerlo. De manera ideal, el diálogo debe alimentarse de manera permanente, puesto que el resentimiento se nutre a menudo de malentendidos.

En un nivel superior, se trata también de renovar la identidad de cada individuo y de cada comunidad. El resentimiento es un acto de memoria agresivo, a menudo sepultado en un pasado lejano que proyecta puntos de referencia basados en una historia mal comprendida y mal digerida. La ideología nacionalista que guía desde hace varios siglos a las políticas de los Estados tuvo en este campo un efecto particularmente nefasto, puesto que exacerbó los resentimientos entre los pueblos, sin reabsorber por ello los rencores infranacionales. En ese sentido, la erosión de las fronteras nacionales y la reciente toma de conciencia del lugar del ser humano en su medioambiente contribuyen a redefinir la identidad de cada uno en un mundo que, de alguna manera, parece menos fragmentado, aun cuando se dibujen nuevas líneas de fractura que también pueden, si no se tiene cuidado, alimentar viejos resentimientos y crear nuevos.

En otros t√©rminos, el hombre nuevo y la mujer nueva tienen un ¬ďdocumento de identidad¬Ē mucho m√°s complejo que el de sus padres y abuelos, que los vincula con diversos individuos y comunidades en el mundo y no simplemente con su entorno local, nacional, regional, religioso o ling√ľ√≠stico. Ahora bien, en este mundo que cambia r√°pida y profundamente, el presente se va a conjugar cada vez m√°s con el futuro, mientras que antes se conjugaba sobre todo con el pasado. Esta no es una raz√≥n para olvidar el pasado. Al contrario, puesto que el deber de memoria es un elemento vital para toda estrategia de lucha contra el resentimiento. Evidentemente, los arquitectos de una nueva gobernanza mundial tendr√°n que abordar este tema espinoso sin concesiones pues, de ahora en m√°s, esos arquitectos ser√°n los pueblos mismos.
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